Centro de Investigación y Desarrollo - UNILA

Residuos nucleares y glaciares


CDMX a 13 de octubre del 2017


La Segunda Guerra Mundial (1939-1945), como nos lo han dicho los libros escolares de historia, terminó con la detonación de dos bombas nucleares que devastaron las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. En los años inmediatos posteriores, los estragos de la guerra se reflejaron en los campos económico y social. En lo político e ideológico, el efecto más apabullante fue la instauración de la Guerra Fría. Estos datos son del dominio común. Sin embargo, sólo en fechas recientes, gracias a investigaciones geofísicas o geológicas, se empiezan a desvelar los efectos nocivos de los enfrentamientos militares del siglo pasado para nuestro planeta.

 

Un ejemplo de ello fue la publicación de los resultados de una investigación dirigida por el climatólogo de York University, el Dr. William Colgan, en la revista Geophysical Research Letters, (Colgan, y otros, 2016). Guiados por el interés en el estudio de los glaciares como marcadores del cambio climático, Colgan y su equipo de investigación1 descubrieron una bomba de tiempo que podría dañar, en menos de un siglo, el ecosistema marino del círculo polar ártico.2 En efecto, Colgan y sus colegas descubrieron un conjunto de residuos físicos, químicos, biológicos y nucleares debajo de la capa glaciar del Ártico groenlandés. ¿Cómo llegaron ahí esos agentes contaminantes y cómo se descubrió su potencial peligro para la Tierra?

Glaciar descongelandose

 

El descongelamiento de la zona glaciar del Ártico, debido al calentamiento global, dejó al descubierto indicios de una base militar, Camp Century, construida por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército Estadounidense en territorio danés en 1959.3 Esta base militar fue producto del Defense on Greeland Agreement signado por Estados Unidos y el Reino de Dinamarca en abril de 1951 (Colgan, y otros, 2016, pág. 8091). Supuestamente, en sus instalaciones se realizaría investigación científica para conocer las particularidades geológicas del círculo polar Ártico. Ahí se perforó y obtuvo el primer ice-core o “testigo de hielo”, que permitió el desarrollo de la investigación sobre el cambio climático (Rosen, 2016).

 

Sin embargo, un motivo militar más estratégico, acorde a los tiempos de Guerra Fría, se escondía debajo de la superficie glaciar de Camp Century: la operación secreta Project Iceworm, que pretendía almacenar y, en caso de ser necesario, transportar cientos de misiles nucleares. Y es que la base militar se construyó, estratégicamente, a 200 kilómetros de la costa de Groenlandia, lo que la convertía en la zona militar estadounidense más cercana al territorio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).4

 

En 1967, los estadounidenses abandonaron Camp Century sin preocuparse por los restos tóxicos que dejaban atrás. El argumento fue que la capa glaciar, que entonces no se pensaba que podría derretirse, mantendría sellado el secreto de Camp Century y lo que en ella se resguardaba. Gracias al estudio de Colgan y colegas, es posible conocer el inventario completo de los residuos tóxicos que ponen en peligro al Ártico: edificios y rieles de tren, diesel, bifenilos policlorados (o PCBs, utilizados como aislantes para equipos eléctricos) y refrigerantes almacenados para mantener un generador nuclear, además de un volumen considerable de aguas residuales (Colgan, y otros, 2016, pág. 8092). Si bien todos los residuos resultan peligrosos para nuestro planeta, son los PCBs los más dañinos. Como lo muestran los científicos, conforme se derrita la capa glaciar, dichos agentes químicos se mezclarán con el agua y contaminarán masivamente el océano Ártico (Colgan, y otros, 2016, págs. 8092-93).

 

Pero no todo está perdido, continúan los autores de esta investigación, los residuos tóxicos podrían removerse de Camp Century a las profundidades en el hielo con un procedimiento de remoción hidrológica, vía dispersión (Colgan, y otros, 2016, pág. 8095). A pesar de ello, una pregunta más política que geológica se desprende de la propuesta de Colgan y colegas: ¿Quién se haría cargo de dicha remoción? ¿El gobierno estadounidense, el danés, o el groenlandés? Desafortunadamente, no hay respuesta para esta interrogante. Este caso muestra cómo el desarrollo de la industria militar, supuestamente llevado a cabo para lograr la paz mundial, y motivado por intereses tanto económicos como políticos, se ha convertido en un peligro que podría dañar no sólo a una nación en específico, sino al planeta entero.

 

 


1 En la investigación participaron científicos del Departamento de Geografía de University of Zurich, del Instituto Cooperativo para la Investigación en Ciencias Ambientales de University of Colorado Boulder, del Instituto Watson de Brown University Providence, del Departamento de Glaciología, Clima y Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia, y del Laboratorio de Ciencias Criosféricas del NASA Goddard Space Flight Center (Colgan, y otros, 2016, pág. 8091).
2 La región del Ártico abarca territorios de Canadá, Alaska, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Rusia y Groenlandia, principalmente.
3 En esa época, Groenlandia, hoy territorio independiente, pertenecía al Reino de Dinamarca.
4 El Ártico es la ruta más corta entre Estados Unidos y la URSS, principales poderes políticos que, en la segunda mitad del siglo pasado, mantuvieron al mundo en tensión por una posible guerra nuclear.

 

 

Referencias

Colgan, W., Machguth, H., MacFerrin, M., Colgan, J., As, D., & MacGregor, J. (4 de August de 2016). The abandoned ice sheet base at Camp Century, Greenland, in a warming climate. Geophysical Research Letters, 43(15), 8091-8096.

 

Guerrero, T. (15 de agosto de 2016). El cambio climático descongela un secreto de Guerra Fría.
Recuperado el 2 de noviembre de 2017, de El Mundo

 

Rosen, J. (4 de agosto de 2016). Mysterious, ice-buried Cold War military base may be unearthed by climate change.
Recuperado el 2 de noviembre de 2017, de Science News

Dra. Aymara Flores Soriano

Docente Investigador Cuernavaca


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