Centro de Investigación y Desarrollo - UNILA

Epistemología feminista y feminicidio en México


CDMX a 08 de mayo del 2017


En nuestro país se han reportado múltiples crímenes en contra de las mujeres. La semana pasada, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue escenario de la muerte violenta de una chica de 22 años (Proceso, 2017). A pocos días de hacerse público este caso, su relevancia ha quedado manifiesta debido a la polémica desatada en redes sociales por la forma en que la dependencia de justicia local difundió los primeros avances en la investigación (Cantó, 2017). Varias mujeres denunciaron que la información difundida a medios de comunicación sobre el caso versara en detalles de la vida privada de la víctima, en lugar de perseguir a los perpetradores. ¿Dónde, cuándo, cómo y con quién se divertía?, ¿cuál era su situación sentimental?, ¿cuál su extracción social?, ¿era estudiante o no?, fueron, al parecer, las primeras interrogantes que las autoridades trataron de responder para explicar este feminicidio.1

Alto Violencia

¿Cómo se relaciona un crimen de este tipo, y la respuesta social a él, con la producción de la ciencia? Sandra Harding respondió ya hace varias décadas a interrogantes que apuntaban a comprender la experiencia de las mujeres desde las ciencias sociales. Para Harding, el conocimiento está socialmente situado (1993: 353). De ahí que, lo que se conoce depende del contexto y la interpretación de quien conoce (Freundlich, 2016, pág. 1). La ciencia, como discurso de conocimiento, no puede abstraerse de dicha afirmación. Este paradigma científico se contrapone a la idea positivista que establece la objetividad y la neutralidad rigurosas como elementos que garantizan la fiabilidad del conocimiento científico.

Según la epistemología emanada de la Standpoint Theory, en el proceso de investigación científica se desarrolla una relación dialéctica entre el investigador y su objeto de estudio (Freundlich, 2016, pág. 3). Es decir, no puede existir una separación epistemológica entre uno y otro, debido a que el investigador es también un sujeto social y a que el objeto de estudio no existe como tal en la realidad, pues es construido por el investigador. Teóricas feministas como Harding reflexionaron desde los años setenta del siglo pasado, cómo su movimiento político debía trascender la arena pública e ingresar a las aulas académicas, sobre todo a las universitarias. Varios enunciados feministas fueron puestos bajo la lupa de la investigación social, siendo uno de sus principales resultados el señalamiento de que el género es un constructo sociocultural.

En el caso del feminicidio, su definición ha sido el resultado de la aplicación del conocimiento producido en la ciencia desde la epistemología feminista y la teoría de género. Afirmar que es posible investigar el asesinato de una mujer a partir de su condición de mujer no es un oximorón. Dicho concepto implica un desarrollo teórico sobre qué significa ser mujer en espacios y tiempos específicos. Joan Scott (1996) señaló en los años ochenta del siglo pasado que el género era, entre otras cosas, el espacio primario de las relaciones sociales de poder. Y, gracias a Michel Foucault, sabemos que toda relación social es una relación de poder, donde existe un sujeto que domina a otro. La epistemología feminista ha demostrado y documentado las múltiples situaciones donde la distribución de los espacios físicos entre hombres y mujeres ha colocado a estas últimas en el lado del dominado.

Sin embargo, en sociedades modernas y complejas, acudimos a la emergencia social de las mujeres que han trascendido los espacios físicos y simbólicos asignados culturalmente a ellas por su condición de género. Según Incháustegui Romero (2014, pág. 374), este cambio, entendido por las teóricas feministas como un “cuestionamiento a las formas de la dominación masculina”, es un elemento explicativo del incremento de la violencia hacia las mujeres que culmina en feminicidio.

¿Por qué aseveraciones como la anterior empatan con un postulado epistemológico y, por ende, con la ciencia? Porque tratan de explicar una realidad específica, la violencia hacia las mujeres, construyendo un objeto de estudio basado en la construcción discursiva de un sujeto que es creado desde el poder. Gracias al trabajo de las académicas feministas se ha logrado posicionar al feminicidio como un problema “sociológico” que, para ser resuelto, necesita, además de la intervención de las instancias de justicia del Estado, el estudio y comprensión científico de las experiencias de las mujeres, para conocer, por ejemplo las motivaciones de los perpetradores (Incháustegui Romero, 2014, pág. 374).


1 El feminicidio es una forma de violencia letal basada en el género. El término fue propuesto en 1976 por Diana Russel en un foro que reunió a varias feministas en Bruselas llamado “ Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres” (Incháustegui Romero, 2014, págs. 274-276).

 

Referencias:

 

Cantó, P. (05 de mayo de 2017). "Si me matan...": la respuesta a los reproches a una mujer asesinada en México.

Obtenido de El País

 

Freundlich, A. (2016). Feminist Standpoint Empistemology and Objectivity.

Recuperado el 05 de 05 de 2017, de The Compass Rose: Explorations in Thought

 

Proceso. (04 de 05 de 2017). Muerta hallada en la UNAM tenía 22 años y no era universitaria; estudiantes marcharán mañana.

Recuperado el 05 de 05 de 2017, de Proceso.com.mx

 

Harding, S. (1993). Rethinking Standpoint Epistemology: What Is "Strong Objectivity"? En L. Alcoff, & E. Potter, Feminist Epistemologies (págs. 49-82). New York and London: Routledge.

 

Incháustegui Romero, T. (mayo-agosto de 2014). Sociología y política del feminicidio; algunas claves interpretativas a partir del caso mexicano. Revista Sociedad e Estado, 373-400.

 

Scott, J. (1996). El género: una categoría útil para el análisis histórico. En M. Lamas, El género: la construcción sociocultural de la diferencia sexual (págs. 265-302). México: PUEG.

 

Dra. Aymara Flores Soriano

Docente Investigador Cuernavaca


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