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Entre epidemias, nubes y críticas políticas: el primer viaje internacional de científicos mexicanos


CDMX a 02 de mayo del 2017


Si en nuestros días realizar una investigación científica en otro país resulta difícil en términos financieros y de tiempo, ¿te imaginas los retos que tuvieron que enfrentar los científicos mexicanos del siglo antepasado para hacerlo? ¿Te has preguntado quiénes fueron los primeros connacionales que viajaron al extranjero para realizar un estudio científico? La obra de Marco Arturo Moreno Corral, Investigador Titular del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) resulta útil para responder a estas interrogantes (1995; 1995b; 2013); por ello, la nota de ciencia que a continuación te presentamos está basada, en su mayoría, en lo publicado por este físico interesado en la historia de la ciencia mexicana.

En julio de 1874, el ingeniero y geógrafo Francisco Díaz Covarrubias -presidente de la Sociedad Científica Humboldt y Ministro de Fomento bajo el mandato del liberal Sebastián Lerdo de Tejada- expuso ante sus colegas astrónomos la importancia de registrar el tránsito de Venus por el disco solar para el cálculo del valor absoluto de la distancia entre el Sol y la Tierra;1 dicho evento ocurriría a finales de ese año y sólo sería visible en una zona horaria que abarcaba parte de Asia y Oceanía (Moreno Corral, 1995).2

Sistema solar

A pesar del contexto político convulso que vivía nuestro país en ese entonces, Lerdo de Tejada encargó a Díaz Covarrubias la constitución de una comisión de especialistas que viajara al otro lado del mundo para observar tan importante evento astronómico y, con ello, aportar al conocimiento del sistema solar (Moreno Corral, 1995)3.Para el  presidente de la República, el presentar a México frente a las potencias occidentales como un país con instituciones científicas de vanguardia era una forma de competir en el concierto de las naciones modernas decimonónicas, de ahí su total apoyo para que los especialistas mexicanos realizaran el costoso viaje transcontinental (Chávez Jiménez, 2014, pág. 59).

Junto a Estados Unidos, Rusia, Alemania, Inglaterra, Italia y Francia, México fue el único país de la América hispana que logró consolidar una comisión de estudiosos para registrar el tránsito de Venus por el disco solar (Moreno Corral, 1995 y 1995b). La Comisión Astronómica Mexicana quedó integrada por Francisco Díaz Covarrubias, Francisco Jiménez,  Francisco Bulnes, Agustín Barroso y Manuel Fernádez Leal, quienes fueron el primer grupo de especialistas que cruzó el Océano Pacífico para realizar una investigación en tierras internacionales a nombre de la ciencia mexicana. La ciudad destino era Yokohama en el Japón imperial. El traslado de la expedición científica logró concretarse en muy poco tiempo. A pesar de que en la época un viaje transcontinental en buque de vapor podía tardar más de un año, Díaz Covarrubias diseñó un itinerario que le permitiría pisar tierras niponas en menos de dos meses (Moreno Corral, 1995, pág. I). Los avatares de esta travesía fueron registrados por Bulnes en su obra Sobre el Hemisferio Norte, Once mil leguas: Impresiones de Viaje a Cuba, Los Estados Unidos, el Japón, China, Conchinchina, Egipto y Europa4.

Cargados con un equipaje costoso y delicado, compuesto por telescopios, cronómetros y una cámara fotográfica, entre otros instrumentos de medición y observación, los miembros de la Comisión Astronómica Mexicana tomaron a la media noche del 18 de septiembre de 1874 el tren que los llevaría de la ciudad de México al puerto de Veracruz (Moreno Corral, 1995, pág. II). Sin cruzar aún las fronteras nacionales, los científicos se enfrentaron al primer peligro del viaje: la epidemia de vómito negro que azotó por esos días la región veracruzana de Papantla5. Por ello modificaron su itinerario y descendieron del tren en Orizaba, donde Díaz Covarrubias esperaba noticias de un buque que zarpara hacia Estados Unidos lo más pronto posible. El 22 de septiembre, abordaron en el puerto de Veracruz un barco que realizaría una parada en La Habana, Cuba, antes de llegar a Filadelfia, lo que inquietó al geógrafo mexicano, pues el tiempo de llegada a Japón dependía de ceñirse a los horarios de salida del transporte elegido (Moreno Corral, 1995, pág. II).

Debido a las noticias que corrieron sobre la epidemia del “vómito negro”, las autoridades de sanidad estadounidense no permitieron el ingreso inmediato de la comitiva mexicana a tierras americanas,  y se ordenó mantener en cuarentena a los pasajeros y tripulación del barco proveniente de Cuba. Gracias a la diplomacia del gobierno de Lerdo de Tejada, desde Washington se giró la orden para que los mexicanos  pisaran territorio estadounidense, pudieran trasladarse a Nueva York y de ahí tomaran el tren intercontinental que los llevaría a San Francisco, California. Una vez en la costa oeste, Díaz Covarrubias y compañía abordaron el buque que los cruzaría por el Pacífico para arribar a Japón (Moreno Coral, 1995b, pág. 1).

La Comisión Astronómica Mexicana desembarcó en el puerto de Yokohama el 8 de noviembre de 1874; al día siguiente, el presidente de la Comisión se dedicó a tramitar los permisos para instalar los campamentos de observación mexicanos. La comunicación con los empleados japoneses resultó ser otro obstáculo a sortear: pocos empleados hablaban una lengua diferente a la suya, por lo cual Díaz Covarrubias se vio obligado a comunicarse en todos los idiomas que sabía (inglés, español, francés, alemán e italiano) (Moreno Corral, 1995, pág. V).

Una vez instalados los campamentos mexicanos de observación, los expedicionarios se enfrentaron a otro desafío: el cielo estaba completamente nublado. Según lo previsto por los especialistas, el paso de Venus por el disco solar se realizaría el 8 de diciembre, pero desde el 23 de noviembre y hasta la noche anterior del significativo día, el cielo japonés se cubrió de nubes (Moreno Coral, 1995b). Bulnes registró en su diario cómo el presidente de la Sociedad Científica Humboldt, nervioso y preocupado por el fracaso de la expedición, “se paseó en el terrado [techo] donde se levanta nuestro pabellón” desde las 2 y hasta las 7 de la mañana  (Bulnes citado en Moreno Coral, 1995b). Afortundamente, las nubes parecieron entender la larga travesía que los comisionados mexicanos habían atravesado y, para cuando el Sol se había puesto, “la faja dorada de un stratus cortaba en ese instante el disco del Sol. No había ninguna otra nube. El éxito de la observacíón era seguro” (Bulnes citado en Moreno Corral, 1995b). Los astrónomos franceses y norteamericanos, sin embargo, no contaron con la misma suerte, pues en Nagasaki una nube se había interpuesto entre los observadores y Venus.

La Comisión Astronómica Mexicana pudo cumplir con el objetivo de la exploración al Japón: observar, registrar y medir el tránsito de Venus por el disco solar y, con ello, contribuir al desarrollo transnacional de la ciencia. Pero los obstáculos no terminaron con la misión científica. En la República Mexicana, los opositores al gobierno de Lerdo de Tejada no dejaron pasar el hecho de que el costo del viaje de Díaz Covarrubias y compañía resultaba demasiado oneroso para una nación que recién había salido de un conflicto político. No faltó quien calificó como una “extravagancia” o “capricho del gobierno” la expedición de la Comisión Astronómica Mexicana (Chávez Jiménez, 2017, pág. 59).

Consciente de las críticas que surgieron en suelo mexicano, Díaz Covarrbias buscó por todos los medios presentar los resultados preliminares de la observación del paso de Venus no en su país, sino en París (Moreno Corral, 1995b).6 Por ello, la Comisión de Astrónomos Mexicanos se trasladó directamente de Japón a la Ciudad de la Luces; en el camino, los expedicionarios analizaron y prepararon el informe que Díaz Covarrubias presentaría en Francia. Un nuevo desafío para posicionar la ciencia mexicana en la travesía internacional fue resuelto a mediados de 1875, cuando se publicó en París las Observaciones del tránsito de Venus hechas en Japón por la Comisión Astronómica Mexicana, con la autoría de Francisco Díaz Covarrubias (Moreno Corral, 1995b).


  1 El método para calcular el valor absoluto de la distancia entre el Sol y la Tierra fue propuesto en 1716 por el astrónomo inglés Edmund Halley (Moreno Corral, 1995b).
 2 Los tránsitos de Venus en la época moderna ocurrieron en junio de 1761, junio de 1769, diciembre de 1874, diciembre de 1882, junio de 2004, junio de 2012; el evento más próximo será en diciembre de 2117 y diciembre de 2175 (Moreno Corral, 1995b).
 3 Wallernstein (2006) indica que fue durante el siglo XIX cuando los vínculos entre el Estado y la ciencia se estrecharon vía el financiamiento gubernamental de los proyectos de investigación. Este proceso inició en las universidades europeas, pero el modelo fue replicado en otras partes del mundo. México, que para esa época ya contaba con grupos científicos consolidados en el campo de las ciencias positivas, no fue la excepción.
 4 Texto que también puede ser leído como un retrato de la otredad y el colonialismo desde la óptica de un pensador decimonónico mexicano (Chávez Jiménez, 2014).
 5 La viruela y la fiebre amarilla se conocían en la época como “vómito negro” o “vómito prieto”. En 1874, la población indígena de Papantla, Veracruz, fue el sector más afectado por esta epidemia (Florescano Mayet, 1992, pág. 58 y 63).

 6 Divulgar los resultados de una investigación en esa época no era una labor sencilla. Las lecturas públicas ante miembros de una sociedad científica reconocida a nivel internacional era uno de los principales mecanismos de legitimidad académica.

 

Más información en:

Chávez Jiménez, D. (primavera de 2014). Viajeros del siglo XIX: el linaje mexicano y las 11 mil leguas de Francisco Bulnes por el Hemisferio Norte. (I. T. (ITAM), Ed.) Estudios, XII(108), 55-72.

Recuperado el 27 de 04 de 2017, de Estudios

Disponible Aquí

Florescano Mayet, S. (1992). Las epidemias y la sociedad veracruzana en el siglo XIX.

Recuperado el 2017 de 04 de 27, de Anuario VII

Disponible Aquí

Moreno Corral, M. (1995). Odisea 1874 o el Primer Viaje Internacional de Científicos Mexicanos (2a. ed.)

México: Fondo de Cultura Económica.

Disponible Aquí

Moreno Corral, M. (1995). Viaje de la Comisión Mexicana a Japón para la observación del tránsito de Venus de 1874. En M. A. Moreno Corral, Historia de la Astronomía en México (2a. Edición ed., pág. s.p.).

México: Fondo de Cultura Económica.

Disponible Aquí

Moreno Corral, M. (2013). Ciencia y arte en dos publicaciones astronómicas novohispanas del siglo XVIII.Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, XXXV(102), s.p.

Disponible Aquí

Wallerstein, I. (2006). La construcción histórica de las ciencias sociales desde el siglo XVIII. En I. Wallerstein, Abrir las ciencias sociales. Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestrucuración de las ciecias sociales (9a. ed., págs. 3-36). México: Siglo XXI.

Dra. Aymara Flores Soriano

Docente Investigador Cuernavaca


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